"Valencia", por Manuel Gálvez
(...) En qué reside el encanto de Valencia? Ante todo, en su sana alegría, una alegría hecha de sol y de amor a la vida y de serenidad y de amable sonrisa. No sé si es o no una sugestión literaria, pero en las callejuelas valencianas nos parece oler perfumes de jazmines y de naranjos y oír lejanas guitarras. (...) Valencia parece recibirnos con simpatía y contento. No es que los habitantes nos hayan agasajado. La cordialidad de Valencia está en el ambiente, en las líneas curvas y suaves de sus calles, en la alegría discreta de sus colores. Pero el encanto mayor de Valencia lo encuentro en sus callejas. (...) En las callejas valencianas todo es suave y sin exceso. Una calleja se une con otra como si le tendiera la mano. Una plazuela es un verdadero descanso, un remanso de quietud. Nada de áspero, de abrupto, de violento. Y en estas calles curvilíneas, esencialmente femeninas, hay otro encanto: los balcones. Las casas, pintadas de colores alegres, tien...