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Diálogo entre un joven y un viejo
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Publicamos esta interesante nota publicada en el número 32 de la revista Mundo Hispánico en noviembre de 1950, con sus bellas ilustraciones originales. DE CÓMO EL AUTOR SORPRENDE EL DIÁLOGO ENTRE UN HOMBRE VIEJO Y UNO JOVEN Caía la tarde; el amatista de nácar del poniente se desleía en dorado polvillo, que, como gracia divina, se ofrecía al azul del firmamento. Era septiembre. Cabeceaban los sauces, fieles al pretil del río; el agua decía su oración, poniendo en su rezo quejidos de letanía al tropezar con los guijarros. Era verde y oro el pensamiento de la Naturaleza. Había calma, se respiraba paz y el ambiente tenía un color rosa de jacinto. El hombre viejo encendía su barba blanca, cuidada, sobre el negro de su traje. Llevaba sombrero de anchas alas, negro también, y apoyaba su humanidad, recia y viril, sobre bastón de haya, hecho por manos de pastores. El hombre joven, moreno, de inquietos ojos y mirar profundo, se tocaba con camisa clara, que dejaba al descubierto su cuello. ...
"Cuando el nombre suena...": España
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Acheson (izq,) junto a Connally En 1950, Dean Acheson era Secretario de Estado de los Estados Unidos (lo fue durante la segunda presidencia de Harry S. Truman). Tom Connally, para la misma época, era presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense. A comienzos de aquel año, el primero le escribió al segundo una carta sobre España -no importa ahora el contenido-. « De tal documento -dice una publicación de los republicanos "en el exilio"- se apoderó inmediatamente la pasión política para ensalzarlo o denigrarlo según la tendencia de las fuerzas internacionales en pugna ». Por otro lado, el alcalde de Nueva York mencionado en la nota que a continuación transcribimos era el irlandés William O'Dwy er. Damos estos breves datos iniciales sólo para poner en contexto el artículo de Mundo Hispánico que compartimos hoy, que fue publicado en el número 23, de febrero de 1950. No nos interesan, po...
Testimonio sobre la obra de España en América
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Imágenes de Zaragoza
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FAMOSA es la pureza del cielo de Zaragoza. Hubo escritor incluso que afirmó algo así como esto: «Desde la mitad del Puente Nuevo de Nuestra Señora del Pilar he presenciado el espectáculo más bello de mi vida.» El escritor, académico francés Luis Bertrand, estaba mirando a poniente. Era, pues, la puesta del sol. Muchos años, muchos siglos, se ha escondido así el sol detrás de las torres zaragozanas, escribiendo diariamente en su cielo la palabra «belleza», en complicidad con la luz única de la capital de Aragón. Y en esta luz fué creciendo la ciudad desde que los Iberos la plantaron en la geografía española. Y como famosa— y a mucha honra— es también la terquedad aragonesa, Zaragoza se empeñó, en no seguir los clásicos mandatos urbanos, que aconsejan pegarse a los ríos para ir desarrollándose en torno a las dos márgenes del curso fluvial. Así, Zaragoza abrió expansiones a su crecimiento por donde le vino en gana. Con lo cual ya ...